JEAN MEYER


Nacimiento: 14 de julio de 1855, en Rickeu, (Suiza).

Muerte: 13 de abril de 1931 en su villa Valroses de Béziers, en el sur de Francia.

Nacionalidad: Suizo

Espiritista de gran corazón, criterio amplio, amigo de la cul­tura y de la ciencia, a la vez que hombre de sentido práctico, fue Jean Meyer, el hombre que mayor respaldo económico brindó al Espiritismo y a la Metapsíquica europea e internacional du­rante las primeras tres décadas del siglo veinte, ofreciendo bue­na parte de su fortuna para la adquisición de edificaciones, realización de congresos, edición de libros y revistas y el financiamiento de los más diversos proyectos de investigación y experimentación, animación por la convicción de que la doc­trina espírita ha de estar sólidamente vinculada con el estudio científico.
Nació el 14 de julio de 1855, en Rickeu, Suiza germana, a orillas del lago de Zürich, en el seno de una fa­milia humilde de religión protestante y apegados a una rígida disciplina. Su educación estuvo muy marcada en ese contexto social y religioso, que mucho habrían de influir en los ras­gos de un temperamento sobrio y austero y severo en el cumplimiento de la palabra y los deberes.
A los 18 años, se trasladó a Fran­cia y se empleó en una casa comercializadora de vinos en Nimes. Gracias a su elevado sentido de la res­ponsabilidad, a su empeño en el tra­bajo y a su visión para los negocios, llegó a convertirse en unos años en un empresario de éxito y reunió una considerable fortuna.
La lectura de los libros de Allan Kardec y de León Denis le llevó a la convicción espiritista. Com­prendió rápidamente los alcances de la nueva idea, la cual consideraba como una filosofía moral de nítida racionalidad y en perfecta sintonía con las conquistas de la ciencia y se dis­puso a brindar su respaldo a favor de su divulgación y creci­miento.
En 1915, adquiere la propiedad de la Revue "Spirite", prime­ra publicación espiritista del mundo fundada por Kardec en 1858. Fue su director hasta el momento de su desencarnación. En 1917, de acuerdo con León Denis y Gabriel Delanne, fundó la "Unión Espírita Francesa", con el propósito de agrupar a los centros y sociedades espíritas del país en un órgano federati­vo, y facilitó su villa en París como domicilio social de la enti­dad. Al año siguiente, creó el "Instituto Metapsíquico Internacio­nal" (I.M.I.), dedicado al estudio experimental de los fenóme­nos psíquicos y mediúmnicos, e hizo la donación de un hermo­so edificio, en la Avenida Niel 89, para que allí funcionase. El I.M.I. fue asignado a la dirección del eminente investigador Gustave Geley, y al año siguiente fue reconocido como Asocia­ción de Utilidad Pública por el gobierno francés. Allí participaron los más revelantes estudiosos de las ciencias psíquicas de la época como Charles Richet, Rocco Santoliquido, Eugene Osty, Ernesto Bozzano, entre otros.
En 1923, entregó otra casa en el 8 de la rué Copernic, siempre en París, para el funcionamiento de la Unión Espírita Francesa, la administración de la Revista "Espírita", la Casa de los Espíritas y la Federación Espírita Internacional. Entonces creó una gran empresa editorial: Ediciones Meyer, que publicó durante años las más importantes obras de los escritores espíritas y metapsiquistas de Europa. En 1924, participó en el Congreso Espiritista Internacional celebrado en Liége, Bélgica, y es nombrado vicepre­sidente de la Federación Espírita Inter­nacional, cargo en el cual se le ratifica en el siguiente Congreso celebrado en París al año siguiente.
En 1928, participó en el Congreso de Londres, presidido por el célebre Arthur Conan Doyle, y allí anunció la donación de un capital de cuatro millo­nes de francos para la creación de la "Societé d' Etudes Métapsychiques", y la continuación de la "Societé d'Orphelinat Alian Kardec". La mano benefactora de Meyer se extendía de manera anónima para auxiliar a quien lo requiriese. Mu­chos espíritas de pocos recursos reci­bieron su apoyo generoso y solidario. Así, el ilustre Gabriel Delanne, gloria de la ciencia espírita, pudo pasar decorosamente los últimos años de su vida, en una casa propiedad de Meyer en Montmorency.
Jean Meyer no fue ni científico ni escritor, pero gracias a sus iniciativas, la literatura y la ciencia espíritas brillaron como nun­ca en su tiempo. Fue un hombre de acción, con un corazón inmenso, que colocó su fortuna al servicio de los altos valores del espíritu. Soñaba con la unión entre todos los espiritistas del mundo para integrar un movimiento fuerte, sólido, que con­quistase el respeto de la sociedad y de los gobiernos. Fiel al pensamiento kardecista, siempre afirmó que el Espiritismo de­bía ser científico, filosófico, moral, social y evolutivo, para que nunca se desviase hacia los dogmatismos e inmovilismo de las doctrinas religiosas.
Falleció el 13 de abril de 1931 en su villa Valroses de Béziers, en el sur de Francia, a consecuencia de un cáncer en los ojos. Conocida la triste noticia, los espiritistas del mundo le rindie­ron toda clase de homenajes en sus sociedades y revistas, enviando al unísono sus vibraciones de amor y gratitud para el gran filántropo del Espiritismo.